Cualquiera puede presentar trastornos de la conducta alimentaria (TCA); sin embargo, los hombres suelen ser subdiagnosticados, lo cual retrasa, hasta cinco años, una atención adecuada, informó la Secretaría de Salud.
“Esta problemática se da por diversos factores, como que los varones sólo acuden al médico al no aguantar una enfermedad o porque, al pedir ayuda, se les invalida y ello refuerza la idea de que no necesitan consulta. También es porque los profesionales a los que van, con frecuencia no tienen perspectiva de género”, dice José Eduardo Otáñez Ludick, profesor de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Zaragoza de la UNAM.
Carlos Eduardo Graterol es estudiante de teatro en la Universidad Nacional y le apasionan la danza y la pintura. En algún punto de su niñez comenzó una relación poco sana con su cuerpo y la comida y, desde entonces, desarrolló conductas alimentarias de riesgo (CAR) que derivaron en TCA, detectado por primera vez a sus 28 años.
“No he conocido a otro hombre con trastornos alimenticios. Creía que darme atracones o verme mucho al espejo era normal. No culpo a los psicólogos con los que hablé y no lo diagnosticaron. Si para ellos no es común, es lo último que consideran al hacer una valoración de este tipo”.