Científicos israelíes publicaron una investigación que cuestiona la idea de que las mutaciones del ADN se producen de manera aleatoria y que podría contribuir, a largo plazo, al desarrollo de tratamientos personalizados para el cáncer y otras enfermedades relacionadas con alteraciones genéticas.
El estudio, revisado por pares y realizado por un equipo del Instituto Weizmann de Ciencias de Israel, demostró que cuando las cadenas de ADN sufren daños, la capacidad de una enzima reparadora para corregirlos depende en gran medida de la forma y la estructura física del ADN. Estas características pueden atraer a las enzimas reparadoras o impedir físicamente que actúen.
“El entorno físico local alrededor del daño en el ADN puede afectar considerablemente la forma en que este se repara”, explicó el doctor Ariel Afek, del Instituto Weizmann, quien dirigió la investigación. Según el científico, la eficiencia de la reparación puede variar hasta cien veces dependiendo de si el ADN se curva o se retuerce de determinada manera.
Noga Levy dirigió el trabajo en el laboratorio de Afek junto con otros investigadores del Instituto Weizmann, en colaboración con el profesor Brian P. Weiser y científicos de la Universidad Rowan, en New Jersey. Los resultados fueron publicados en julio en la revista científica Nature Communications.
Los investigadores utilizaron microchips especializados de ADN desarrollados por el propio equipo para analizar simultáneamente miles de cadenas genéticas. También combinaron los resultados experimentales con simulaciones informáticas que reprodujeron las interacciones a nivel atómico y utilizaron algoritmos genómicos para comparar los resultados con bases de datos de cáncer humano.
El objetivo era comprender qué ocurre en las primeras etapas del proceso que puede terminar provocando una mutación. Cuando las enzimas reparadoras no corrigen los daños en el ADN, estos pueden convertirse en mutaciones permanentes capaces de contribuir al desarrollo de enfermedades como el cáncer.
El equipo planteó la hipótesis de que las enzimas reparadoras analizan las cinco letras genéticas anteriores y las cinco posteriores a la zona dañada. Según los investigadores, estas secuencias circundantes pueden determinar la forma física y la carga eléctrica del ADN y, por lo tanto, influir directamente en la capacidad de la enzima para reparar el daño.
Fuente: itongadol.com