Cuando un adicto a la cocaína recae, no se trata de un fracaso personal: es el resultado biológico de una reestructuración de su cerebro, según una nueva investigación de la Universidad Estatal de Michigan (Estados Unidos).
Los investigadores descubrieron que la cocaína altera el funcionamiento del hipocampo, lo que contribuye a la compulsión constante por consumir la droga. Su investigación, apoyada por los Institutos Nacionales de la Salud y publicada en ‘Science Advances’, no solo explica por qué la adicción a la cocaína es notoriamente difícil de tratar, sino que también podría ayudar a los científicos a desarrollar nuevas terapias farmacéuticas.
«La adicción es una enfermedad, al igual que el cáncer. Necesitamos encontrar mejores tratamientos y ayudar a las personas con adicción, del mismo modo que necesitamos encontrar curas para el cáncer», apunta el autor principal, AJ Robison, profesor de neurociencia y fisiología.
Al menos un millón de personas en todo el país luchan contra la adicción a la cocaína, y actualmente no existe ningún medicamento aprobado por la FDA para tratarla. Quienes dejan de consumirla no experimentan los mismos síntomas físicos de abstinencia que causan los opiáceos, pero eso no significa que sea fácil dejarla. La droga secuestra el cerebro, inundando los centros de recompensa con dopamina. Este refuerzo positivo engaña al cerebro para que sienta que está haciendo algo bueno en lugar de destructivo.
Fuente: infosalus.com
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