Por décadas, la luna llena ha sido un personaje recurrente en los relatos fantásticos: hombres lobo que sufrían transformaciones atroces, ninfas de los lagos que engatusaban a los perdidos o sirenas que perdían el juicio al recibir sus rayos de luz.
«Hoy hay luna llena, seguro será una noche movida», se escucha aún en las conversaciones modernas, como si el satélite natural de la Tierra pudiera ejercer algún efecto en nuestra mente o cuerpo.
Pero ¿qué dice realmente la ciencia? ¿Tiene la luna llena efectos reales en la salud humana o seguimos atrapados en un mito? La respuesta, lejos de ser simple, combina historia, psicología y estudios recientes que están replanteando el debate.
El debate científico sobre la influencia de la Luna en la salud
El filósofo Karl Popper advirtió que una teoría deja de ser científica cuando sus defensores buscan confirmarla en lugar de refutarla. Gran parte de los estudios clásicos sobre el «efecto lunar» han caído siempre en esta trampa: se han diseñado investigaciones para demostrar que la Luna influye en los nacimientos, los suicidios o la violencia, en lugar de cuestionarlo. Así nacieron dos bandos muy marcados.
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