El verdadero motor de nuestro ritmo respiratorio es el desecho: el dióxido de carbono (CO2). Quienes hacen posible este milagro de la ingeniería biológica son los quimiorreceptores, unos sensores microscópicos situados en nuestras arterias principales y en el cerebro que actúan como auténticos analistas químicos en tiempo real.
Los centinelas de tu sangre: Glomos carotídeos y aórticos
Para entender cómo medimos el CO2, primero debemos viajar a las «bifurcaciones» de nuestras tuberías sanguíneas más importantes. Allí se encuentran los quimiorreceptores periféricos, agrupados en dos zonas estratégicas:
Los cuerpos carotídeos: Pequeños cúmulos de tejido situados en el cuello, justo donde la arteria carótida común se divide para llevar sangre al cerebro.
Los cuerpos aórticos: Ubicados en el arco de la arteria aorta, la gran autopista que sale directamente del corazón.
Dentro de estos diminutos cuerpos se encuentran las células glómicas (o tipo I). Estas células están en contacto íntimo con la sangre y son extremadamente sensibles a tres variables básicas: la caída de oxígeno (O2), el aumento de dióxido de carbono (CO2) y la acidez de la sangre (pH).
Fuente: noticiasdelaciencia.com
«La planta de la marihuana tiene muchos componentes, pero los más importantes son dos: el…
La Secretaría de Salud presentó “Yo Elijo Ser”, campaña de comunicación para promover la alimentación…
Las Conchichis 2026 ya tienen fecha de regreso y volverán a los mostradores el próximo…
General Motors de México incorporó vehículos eléctricos y servicios de conectividad a sus acciones para…
Este viernes, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) informó la detección…
El café podría tener efectos que van más allá de la simple alerta. Un nuevo…