El verdadero motor de nuestro ritmo respiratorio es el desecho: el dióxido de carbono (CO2). Quienes hacen posible este milagro de la ingeniería biológica son los quimiorreceptores, unos sensores microscópicos situados en nuestras arterias principales y en el cerebro que actúan como auténticos analistas químicos en tiempo real.
Los centinelas de tu sangre: Glomos carotídeos y aórticos
Para entender cómo medimos el CO2, primero debemos viajar a las «bifurcaciones» de nuestras tuberías sanguíneas más importantes. Allí se encuentran los quimiorreceptores periféricos, agrupados en dos zonas estratégicas:
Los cuerpos carotídeos: Pequeños cúmulos de tejido situados en el cuello, justo donde la arteria carótida común se divide para llevar sangre al cerebro.
Los cuerpos aórticos: Ubicados en el arco de la arteria aorta, la gran autopista que sale directamente del corazón.
Dentro de estos diminutos cuerpos se encuentran las células glómicas (o tipo I). Estas células están en contacto íntimo con la sangre y son extremadamente sensibles a tres variables básicas: la caída de oxígeno (O2), el aumento de dióxido de carbono (CO2) y la acidez de la sangre (pH).
Fuente: noticiasdelaciencia.com
Tras las afectaciones materiales y humanas derivadas del fuerte sismo que sacudió distintas regiones de…
La farmacogenómica es el estudio de cómo las variaciones en tus genes afectan la forma…
Derivado de un diagnóstico especializado y la atención multidisciplinaria brindada en el Hospital General Regional…
El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y el Instituto Nacional para la Educación de…
SolarRoot, un proyecto desarrollado por 8 recién graduados de de distintas carreras de la Escuela…
En los límites donde la civilización se encuentra con la naturaleza, especies adaptables como el…