Las enfermedades cardíacas, en particular los infartos, a menudo parecen surgir de la nada, pero lo cierto es que reducir el riesgo de sufrirlos está, en buena medida, en nuestras manos, ya que las probabilidades de que una persona las desarrolle dependen en su mayor parte de componentes de nuestro estilo de vida que son potencialmente modificables, según los especialistas.
Algunos factores de riesgo (características biológicas o conductas que aumentan la probabilidad de padecer una enfermedad determinada o morir debido a ésta) no se pueden modificar, como por ejemplo la edad, el género y la predisposición genética.
Pero alrededor del 90% del riesgo de sufrir un ataque cardíaco en los hombres y el 94% del riesgo en las mujeres, se puede atribuir a factores sobre los que una persona puede ejercer distintos grados de control, lo que significa que las dolencias del corazón son en gran medida prevenibles, según el Centro Médico Irving de la Universidad de Columbia (CUIMC), en EE. UU.
Las campañas sanitarias de prevención destinadas a proteger la salud del corazón y los vasos sanguíneos hacen hincapié en corregir estos factores de riesgo modificables, entre los que destacan los niveles elevados de presión arterial y colesterol, la diabetes, beber alcohol y llevar una alimentación poco saludable, así como el tabaquismo, la obesidad, el sedentarismo y el estrés.
Fuente: udgtv.com