El consumo frecuente de cocaína disminuye el flujo sanguíneo y aumenta el riesgo de infartos cerebrales y cardíacos, así como embolias y daño en otras partes del organismo, informó el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López Gatell-Ramírez.
El subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud precisó que, en el ámbito social, el consumo de cocaína afecta la capacidad de relacionarse y la persona adicta puede involucrarse en el crimen por la necesidad de obtenerla.
Subrayó que la Estrategia Nacional para la Prevención de las Adicciones (ENPA) Juntos por la Paz promueve espacios para proporcionar a las personas y a las comunidades factores protectores, como la práctica de la actividad física y eventos culturales, donde las y los jóvenes encuentren conexiones sociales, sentido a la vida y lazos afectivos para descubrir su identidad en un entorno de amor, comprensión e inclusión.
Explicó que la cocaína, al igual que las metanfetaminas, son sustancias psicoactivas que ocasionan rápida dependencia e inducen a la violencia cuando la persona carece de ellas. No hay final feliz en el consumo de las drogas; “tienen un lado muy profundo y muy grande de sufrimiento, y ese sufrimiento está en el origen de las adicciones, pero también está en sus consecuencias”.
Expuso que el consumo continuo de cocaína produce grandes estragos en la salud: cuando es aspirada ocasiona pérdida del olfato, sangrado nasal, problemas para deglutir o para tragar alimentos o agua.
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