En los últimos años, el cannabis medicinal ha ganado espacio en la conversación pública y en la práctica médica, también entre quienes padecen diabetes.
Sin embargo, la distancia entre la percepción popular y lo que la ciencia ha demostrado sigue siendo amplia. A pesar del entusiasmo mediático, los expertos coinciden: el cannabis no cura ni controla la diabetes, aunque puede ofrecer alivio parcial en algunos síntomas asociados.
Países como Uruguay o Italia regulan desde hace años el uso medicinal del cannabis, mientras otros —como España— recién comienzan a hacerlo. En este último, un Real Decreto aprobado recientemente permitirá prescribirlo solo en hospitales y bajo control médico especializado.
En México, su uso con fines medicinales es legal desde 2021, pero restringido a productos con registro sanitario y receta médica. No está autorizado para tratar la diabetes de forma rutinaria, y gran parte de los aceites o suplementos disponibles se comercializan sin garantías de calidad ni supervisión estricta.
Esta falta de regulación homogénea complica la investigación y alimenta un mercado lleno de promesas difíciles de comprobar.
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