Decía Galileo que las matemáticas son el lenguaje en el que está escrito el universo. Un filósofo del lenguaje disentirá de la primera afirmación y un experto en ontología encontrará pegas a la segunda, pero si dejamos a un lado la literalidad, es difícil no sentir que Galileo tenía cierta razón. Fue por aquel entonces cuando la ciencia empezó a matematizarse y el éxito ha sido innegable. Puede que la realidad no sea platónica y que los números no existan ahí afuera como tal, pero las matemáticas nos hablan de relaciones, de estructura…
Al formular reglas en las matemáticas, descubrimos regularidades en la estructura del mundo. Sucede con la física y con la química, pero también con la biología y la sociología. Y, ahora, un grupo de investigadores han comprobado que la cubierta celular de los embriones resuelve un problema “geométrico” casi igual que como nosotros lo resolvimos para los balones de fútbol.
Desde el 36 a.C., los matemáticos sospechaban que la mejor forma de cubrir una superficie plana con baldosas iguales sin que quede ningún hueco entre ellas es usar hexágonos. Si la superficie no es cuadrada, los cuadrados dejarán demasiados huecos en los bordes y los círculos dejarán muchos huecos entre ellos. Hasta 1999, esta intuición no sería demostrada más allá de toda duda por el matemático Thomas Callister Hales. Sin embargo… ¿qué pasa cuando lo que queremos alicatar es una esfera? Si la superficie se curva, la solución cambia. Imaginemos que tuviéramos que cubrir con baldosas curvas un balón. Es matemáticamente imposible utilizar solo hexágonos sin que queden huecos entre ellos. Eso lo sabemos desde que lo demostró Leonard Euler en el siglo XVIII.
¿Cuál es la forma óptima de alicatar (o teselar, como se dice técnicamente) una esfera? Y decimos “óptima” porque si nos permitimos usar una multitud de baldosas diferentes, las soluciones se vuelven infinitas. Las soluciones óptimas nos interesan más, entre otras cosas, porque la física, la química, la biología y el resto de las ciencias parecen tender a las soluciones más eficientes. Sea como fuere, si has visto alguna vez un balón de fútbol, ya conoces la respuesta. Para cubrir toda su superficie tenemos que combinar los clásicos hexágonos blancos con esos pentágonos negros, dando lugar al icónico patrón. Pues bien, parece que los tejidos celulares más o menos esféricos han llegado a la misma conclusión.
Fuente: larazon.es
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