“Estamos haciendo que algo funcione. Ahora necesitamos que lo haga mejor”, señaló James Gulley, quien ayuda a dirigir un centro en el Instituto Nacional del Cáncer que desarrolla terapias inmunológicas, incluidas las vacunas para el tratamiento de tumores malignos.
Los científicos saben que el cáncer se esconde del sistema inmunológico del cuerpo. Las vacunas contra el padecimiento, al igual que otras inmunoterapias, estimulan el sistema de defensa del organismo para encontrar y eliminar las células enfermas.
Algunas nuevas usan ARNm, que se desarrolló para el cáncer, pero se usó por primera vez para las inoculaciones de covid-19.
Para que una vacuna funcione, debe enseñar a las células T del sistema inmunológico a reconocer el cáncer como peligroso, explicó Nora Disis, del Instituto de Vacunas contra el Cáncer de la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington en Seattle. Una vez entrenadas, las células T pueden viajar a cualquier parte del cuerpo para cazar peligros.
“Si viste una célula T activada, casi tiene pies. Puedes verlo arrastrándose a través del vaso sanguíneo para salir a los tejidos”, explicó.
Los pacientes voluntarios son cruciales para la investigación. Así que el próximo gran avance en el tratamiento del cáncer podría ser una vacuna.
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