El invierno trae cada año un repunte claro de enfermedades respiratorias, según revela UNAM Global. Durante este periodo, condiciones climáticas y comportamientos sociales se alinean para facilitar la presencia y transmisión de virus y bacterias.
Al llegar los meses fríos, el ambiente experimenta un descenso en la humedad. Esta sequedad impacta directamente las vías respiratorias. La capa de moco que cubre la nariz, la garganta y los pulmones tiene la función de capturar polvo y microbios, pero en invierno, al disminuir la condensación, esta mucosidad se adelgaza o incluso se seca. Así, pierde eficacia y deja de atrapar tantos patógenos como en otras estaciones.
Por otro lado, el frío reduce la movilidad de los cilios, unas pequeñas estructuras responsables de desplazar la mucosidad hacia el estómago, donde los ácidos gástricos destruyen los agentes externos. Al funcionar a menor ritmo, los cilios permiten que virus y bacterias permanezcan más tiempo en las vías respiratorias, aumentando el riesgo de infecciones.
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