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Por qué sentimos la temperatura distinta según la parte del cuerpo

Seguramente lo has experimentado más de una vez: compruebas si el biberón de un bebé está demasiado caliente vertiendo unas gotas sobre el dorso de la muñeca y no con las yemas de los dedos, o notas que el agua de la ducha que te parecía perfecta en las manos se siente ardiendo al caer sobre tu espalda.

A pesar de que toda nuestra piel está expuesta al mismo entorno, nuestra percepción térmica varía drásticamente de una zona a otra. Esta disparidad no es una falla de nuestro organismo, sino una sofisticada estrategia adaptativa de nuestro sistema nervioso.

El mapa desigual de los termorreceptores

La razón principal por la cual no percibimos el frío o el calor con la misma intensidad en todo el cuerpo reside en la densidad de termorreceptores, las terminaciones nerviosas especializadas encargadas de detectar los cambios de temperatura.

Existen dos tipos principales de termorreceptores en las capas de la piel: los receptores para el frío (que se activan en un rango aproximado de entre 10 °C y 35 °C) y los receptores para el calor (activos entre los 30 °C y los 45 °C). Sorprendentemente, nuestro cuerpo cuenta con entre cuatro y diez veces más receptores de frío que de calor.

Sin embargo, estos sensores no están repartidos equitativamente. Mientras que zonas como la yema de los dedos, los labios, la punta de la lengua y el rostro cuentan con una concentración masiva de terminaciones nerviosas por centímetro cuadrado, áreas más extensas como la espalda, los muslos o los antebrazos tienen una red sensorial mucho más dispersa.

Canales TRP: la física molecular de la temperatura

A nivel microscópico, los encargados de transformar el estímulo térmico en un impulso eléctrico que viaja al cerebro son los canales de potencial de receptor transitorio (canales TRP). Estas proteínas situadas en las membranas de las neuronas sensoriales actúan como verdaderos termómetros moleculares.

Por ejemplo, el canal TRPV1 se activa con temperaturas superiores a los 43 °C —el umbral en el que el calor empieza a resultar potencialmente dañino para los tejidos—, mientras que el canal TRPM8 se activa ante el descenso de la temperatura o la presencia de sustancias como el mentol.

Fuente: noticiasdelaciencia.com

EDITORIAL

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