Mientras las tasas de fertilidad caen globalmente (de 5.3 a 2.3 nacimientos por mujer entre 1963 y 2023), algo curioso está sucediendo: cada vez más personas consideran a sus perros como hijos. En Hungría, el 16% de los dueños de perros en una muestra representativa afirmó considerar a su mascota como un niño. En muestras no representativas, esa cifra llega al 37%.
Una revisión teórica publicada en European Psychologist explora este fenómeno desde la psicología evolutiva, la etología canina y la sociología. La pregunta central es: ¿qué hace a los perros tan buenos candidatos para ocupar un rol infantil en las familias occidentales?
La hipótesis evolutiva cultural
Los humanos somos criadores cooperativos. Evolutivamente, cuidar a otros —incluso sin parentesco genético— ha sido adaptativo para nuestra especie. Pero en las sociedades postindustrializadas, las redes de parentesco se han reducido drásticamente. En Hungría, por ejemplo, el 87.5% de los adultos pasa menos de una hora semanal con niños.
Según las autoras, ante la ausencia de «blancos de cuidado» humanos, las mascotas emergen como una forma accesible de satisfacer la necesidad de nutrir y cuidar a otro ser. No es que los perros reemplacen a los hijos, sino que la evolución cultural ha redirigido impulsos biológicos de cuidado hacia los animales.