Los grandes incendios forestales son fuegos que se extienden sin control, afectando a zonas rurales pero a menudo también a algunas urbanas.
Desde que se originan hasta que se extinguen, generan a su paso un gran impacto ambiental y económico con daños en flora, fauna e infraestructuras, e incluso provocan víctimas mortales.
Además, con la crisis climática, cada vez son más frecuentes los conocidos como incendios de ‘sexta generación’, es decir, fuegos caracterizados por una intensidad extrema. Prueba de ello ha sido la ‘ola de incendios’ que ha afectado a España durante el verano pasado con cerca de 400.000 hectáreas calcinadas, lo que ha convertido a 2025 en uno de los peores años de la historia reciente en términos de superficie calcinada en España.
La despoblación rural y el abandono de las actividades tradicionales también están contribuyendo al aumento de la intensidad de los incendios.
Para Joan Martí, geólogo e investigador del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA) de Barcelona, un centro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en España, estos grandes incendios no son desastres naturales, sino “desastres humanos, porque la naturaleza no hace desastres. La naturaleza simplemente mantiene su equilibrio”.
En ocasiones, explica el experto, esos fenómenos se convierten en adversos para la población. Cuando esto ocurre, el fuego no solo deja a su paso daños materiales y humanos, sino que plantea riesgos a largo plazo para la salud de aquellos que trabajan en su extinción debido a la inhalación del humo.
En relación con la problemática de los incendios forestales y sus riesgos, el CSIC trabaja en proyectos como el europeo FIRE-RES, que busca aumentar la resiliencia a los incendios en Europa con tecnologías innovadoras y soluciones económicas, ecológicas y sociológicas.
En el marco del proyecto, investigadores del IDAEA están analizando la exposición de los bomberos a los agentes contaminantes que libera el fuego. Ya sea un incendio forestal o una quema prescrita, es decir, un fuego controlado y planificado iniciado por los bomberos forestales para eliminar el combustible vegetal y prevenir o acotar incendios, hay agentes tóxicos que se liberan al arder la vegetación a temperaturas relativamente bajas.
Fuente: noticiasdelaciencia.com
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