La gordofobia no es sólo un prejuicio individual ni una cuestión estética, es un sistema de opresión que moldea cuerpos, regula conductas y produce sufrimiento, advirtió Patricia Matus Alonso, investigadora posdoctoral del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH), quien analiza este fenómeno desde la antropología médica crítica.
Durante la conferencia “Gordofobia: un dispositivo productor de padecer”, la especialista explicó que se trata de una red de violencias normalizadas que operan silenciosamente en todos los ámbitos de la vida social.
La gordofobia, señaló, es un sistema de opresión que entrelaza dinámicas de violencia y racismo, al exigir un único tipo de cuerpo que invisibiliza a la diversidad corporal.
De acuerdo con la académica, este sistema de opresión se manifiesta tanto en espacios íntimos como públicos: desde consultorios médicos hasta la industria de la moda, donde se refuerza la idea de que sólo un cuerpo delgado es saludable, bello o aceptable.
Como parte de su investigación, Matus Alonso ha documentado la experiencia corporal de mujeres del Istmo de Tehuantepec, donde tradicionalmente la gordura ha sido asociada con bienestar.
En esa región, comentó, para muchas mujeres mayores de 60 años la gordura representa belleza y salud. Sin embargo, esa percepción está cambiando, especialmente entre las generaciones más jóvenes, cada vez más influidas por discursos globales difundidos por internet, instituciones de salud y políticas públicas.