La glucosa es un componente de los carbohidratos, y la fuente principal de energía utilizada por las células del cuerpo humano. Sin embargo, en exceso resulta perjudicial. La fructosa es un azúcar típico de la fruta.
Aunque normalmente resulta inocuo en las cantidades que suelen estar presentes en ella, puede contribuir al sobrepeso y a la diabetes cuando se consume en cantidades excesivas, como las presentes en algunos productos alimenticios procesados.
Unos científicos han descubierto que la fructosa y la glucosa, a pesar de tener la misma cantidad de calorías, se comunican con el cerebro a través de diferentes vías intestino-cerebro, una diferencia que puede ayudar a moldear nuestras preferencias de alimentos y bebidas.
El equipo que ha hecho el hallazgo lo encabeza Aaron McKnigh, del Centro Monell de Química de los Sentidos y de la Universidad de Pensilvania, ambas entidades en la ciudad estadounidense de Filadelfia.
En experimentos con ratones, el equipo identificó una vía de señalización intestino-cerebro específica mediante la cual la fructosa se comunica con el cerebro y descubrió que es mucho menos eficaz que la glucosa para reducir la actividad de las neuronas que promueven las ganas de comer.
En resumen, la fructosa envía al cerebro una señal de saciedad más débil que la enviada por la glucosa.
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