Comer bolillo es la recomendación, transmitida de generación en generación, es casi un ritual instintivo tras sismos, accidentes o cualquier sobresalto intenso. Pero, ¿realmente tiene una base científica o es solo un mito popular que nos da consuelo?
Especialistas en neurociencia y gastroenterología explican qué sucede en nuestro organismo después de un fuerte impacto emocional y por qué este pan se ha vuelto el protagonista indispensable para ayudar al cuerpo a recuperar el equilibrio.
Según el doctor Eduardo Calixto González, profesor de la Facultad de Psicología de la UNAM, un susto activa de inmediato el sistema nervioso simpático, encargado de la reacción de lucha o huida.
En segundos, el cuerpo libera adrenalina y noradrenalina, lo que provoca:
Aceleración del corazón y la respiración
Aumento del flujo sanguíneo al cerebro
Mayor consumo de glucosa
Incremento de la acidez gástrica
Este mecanismo es normal y está diseñado para protegernos, pero deja una sensación posterior de cansancio, vacío estomacal, náuseas o debilidad.
Fuente: selecciones.com.mx
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