Contar con una sala de lactancia en el trabajo es un avance importante, pero insuficiente para garantizar que las mujeres puedan continuar amamantando a sus bebés tras regresar a sus actividades laborales. Para lograrlo se requieren cambios culturales, organizacionales y de política pública que reconozcan la lactancia como una responsabilidad compartida y no como una carga individual de las madres.
Así lo afirmó la Dra. Sonia Hernández Cordero, investigadora del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo con Equidad (Equide) de la Universidad Iberoamericana.
La especialista explicó que una de las principales barreras aparece incluso antes de la reincorporación laboral. En México, la licencia de maternidad pagada es de apenas 12 semanas, mientras que las recomendaciones internacionales promueven la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida. Esta diferencia dificulta mantener la producción de leche y continuar un proceso fundamental para la salud infantil.
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